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Lo que se rompe

Tiempo, qué gran incógnita.
Que se hace de concepto en la ciencia y en la espiritualidad,
que se vuelve utilitario,
que nos abraza y nos acomoda donde quiere.
El tiempo que lo es todo,
él y sus mil formas de presentarse,
con tantos otros métodos para acelerarnos.
Él que es único,
y es irrepetible.
Que es irremplazable e incomparable,
mas es lo único que no se rompe.
Se estira, se acorta,
vuela o corre hasta que se acaba,
pero nunca se rompe.
Y en toda su compleja extensión,
es siempre bello.
Incluso en su tristeza o dolor,
antes o después de un amor.
Lleno de cosas que se rompen porque para eso está,
para sostener una existencia infinita de pedazos.
Pedazos de recuerdos y de olvidos,
de promesas y mal de amores,
de sueños y souvenires.
Pedazos de vos o de mi.
O de ambos.
La auténtica belleza
es aquella que habita en todo
lo que tiene la capacidad
de romperse para siempre.

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