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Spit it out

Hay tantas cosas que dejamos sin decir, como si algo se pusiera en el camino de las palabras cuando están por salir, o cuando deberían. Es siempre el miedo, no? De qué podría pasar si. No sé si sabías pero más de una vez me tragué un te amo mirando a alguien a los ojos. Más de una vez no dije lo que pensaba porque podía doler demasiado. No sé si te habías dado cuenta pero seguramente no dijiste lo que sentías esa vez que te quemaba por dentro para que lo dejes salir. Y te quemó. Cada palabra parece una cárcel en la que estamos obligados a vivir cuando les damos vida, como si fuéramos esclavos de lo que decimos, pero no. Lo cierto es que no son solos palabras, pueden ser armas, caricias, pueden ser baldes de agua fría o el más cálido abrigo, pero lo que no son es cadenas en los pies. Es solo miedo a lo que vaya a pasar si. Miedo al rechazo. Miedo al enojo. Miedo al compromiso. Miedo a arrepentirse. Miedo al dolor. Miedo a ser feliz. Miedo. Todo en esta puta vida nos da miedo y las palabras solo son lo que usamos para adornar nuestras decisiones, si vamos a ser valientes o no. Hoy estoy mucho más triste que ayer, y que el año pasado, y que hace mucho tiempo. Hoy me duele cuando trago, me duele el roce de la ropa con mi piel y cada músculo porque estoy débil, como cada vez que me gana mi sombra. Son las tres veinticinco de la mañana de un lunes, estoy escribiendo en la cama en total oscuridad y lo único que pienso es en las ganas que tengo de vomitar para sentir mi cuerpo retorcerse en el piso, mi espalda arder y mis ojos llenarse de lágrimas y así estar segura de que esto no es estar muerta. Porque a veces encuentro consuelo en abrazar el dolor para no llenarme de ausencia. Lo maravilloso de las palabras es que no desaparecen, se quedan para que recordemos cómo nos sentimos en cada momento y así me siento hoy. Por eso lo escribo, para recordarlo mañana cuando tal vez me sienta mejor y sepa que valió la pena. Porque todo vale la pena y aunque muchos dicen que hay cosas que es mejor no decir, yo no estoy muy de acuerdo, así que si alguien que me importa o quiero alguna vez lee esto y todavía no se lo dije, seguro algo de esto le vaya bien.

No siempre siento que yo te importe.
Sería bueno que dejes de ser tan influenciable y tengas tus propias ideas.
Te perdono por no haberte dado cuenta.
Perdón por haberte mentido.
No sos y nunca fuiste un buen padre.
Son todo lo que no puedo perder en este mundo.
Sos la persona más interesante y complicada que conocí hasta ahora.
Me acuerdo de esa noche.
Te extraño aunque seas un idiota.
Entiendo que no quisiste lastimarnos, pero lo hiciste.
Creo que estás enfermo y por más que me duele haberte perdido no puedo pasar por alto lo que hiciste y cómo sos.
Creo que fuiste tan o más importante que yo para él.
Nunca me tomaste tan en serio como creías.
Te animaste a quererme en el momento equivocado.
En los cuadraditos sobre cosas medio suicidas, en todos iba que sí.
Me alegra mucho que estés cumpliendo tus sueños, pero mentiría si dijera que no me gustaría estar en tu lugar.
Ojalá algún día entiendas cómo funcionan algunas cosas.
Gracias por estar acá, significa mucho para mí que me estés leyendo.
Te amo.

No voy a vomitar, ya me duelo suficiente por hoy.

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