22.9.21
Clases de Ping pong
19.5.21
Doce y veintiuna horas del veintitres de Abril
Es en esta noche por primera vez que padezco a consciencia la pérdida de tu cercanía. Hoy por primera vez lloro, a sabiendas, los recuerdos que te incluyen, los espacios que ocupamos, las tensiones que matamos, el vacío que dejaste.
Todos estos días traté tu existencia como una maravilla y tu lejanía como un pesar pasajero que el tiempo iba a sanar, pero esta noche rechazaría cualquier cura con tal de no borrar nunca esta sensación austera que es tenerte tan calado en los huesos.
Todas estas noches esquivé tus recuerdos como si fueran balas que amenazan mis pies y yo la mejor bailarina, pero ahora mismo me siento capaz de recibir cualquier daño si eso me llevara hacia vos.
Es por las mañanas que una leve amnesia me ayuda a sobrellevar esa eternidad que parece avecinarse cada vez que te dibujo en mi retina sin poder mirarte, solo para luego desear que nada pueda borrarte.
Es en aquel abrazo prolongado, incapaz de ocultar nuestros corazones inquietos, que desearía quedarme a vivir si pudiera elegir solo un momento. O quizás en ese beso lento, ebrio de curiosidad y bebida, que pobló un bar teñido de su luz rojiza y despertó una noche de complicidad desprolija, pero siempre tímida.
Tal vez es en cada una de esas veces que me miraste a los ojos y no supe entender si querías todo eso que ahora yo anhelo, o solo me estabas viendo. O tal vez es en vos entero, porque no puedo elegir una parte, incluso siendo tan poco lo que compartimos en relación a lo mucho que quiero ser capaz de darte. Tal vez solo quería habitarte, aunque sea una vez por completo, así mientras te tengo lejos podría dejarte, o al menos adentro soltarte, para que no duela tanto.
Aunque hay algo de lo que estoy segura, y es lo poco que me cuesta extrañarte, como si algo en mí buscara castigarme, cada vez que te pienso de repente, por haber bajado la guardia en el momento menos conveniente.
Me retuerzo un poco, se me corta el aliento y hasta puede que quiera gritar, por culpa de esa primera vuelta que me hiciste dar, esa que plantó la discordia entre mi pecho y alguna razón, porque no fue la mía. La vuelta que trae con su visita temblores, sonrisas y alguna lágrima.
Ojalá estuviese ahora mismo girando de tu mano.
2.12.20
Intermitente
Mi empatía nace en tus angustias, mi fascinación en tu experiencia, la magia está en la intersección de tu perspectiva con la mía, que podría dibujarlas como un bucle de ADN.
Anduvimos caminos muy intensos que padecimos diferente, hoy nos encontramos en terreno firme, estamos en la meseta. Pies en la tierra, cabeza fría, los corazones siempre hirviendo. Te pienso y me dan ganas de gritar, o capaz tengo ganas de gritarte. Hay tantas cosas que querría decirte, pero medio que a la vez nunca sé por dónde empezar.
Cuando te tengo cerca siempre siento que se me está escapando el tiempo, como si nunca estuviera disfrutando lo suficiente, como si hubiera mucho más que no estoy pudiendo ver. Cuando estamos cerca siempre siento que nos está sobrando el aire, nunca voy a ser quien te lo quite. No sé si alguien puede hacerlo.
Cuando te pienso siempre estás callado, pensando. A veces sonreís pero siempre sos serio, sereno. Conmigo nunca se te escapa la locura, solo me recordás que existe, como si tal vez no te creyera.
De vez en cuando siento que podría creerte lo que fuera si lo decís mirándome a los ojos, y algunas veces me doy cuenta que en realidad sé que sos solo un hombre, otro humano que de a ratos enaltezco, porque la altura hace que te sienta especial y especial se siente como hormigueo en la boca del estómago antes de volverte a ver, o como un océano de paz mientras te veo dormir.
Cuando no puedo verte te abrís paso sin pedir permiso entre mis ideas, y te colas en todos mis planes hasta sin querer desintegrarlos. Cuando no te veo a veces me invade la ansiedad de buscarte como sea, de saber qué estás pensando, qué está pasando en tu día. Cuando no estás me acuerdo que tu día y mi día son el mismo día pero dos diferentes y eso algunos días, me opaca la tarde. Pero todo está bien, porque a veces existimos juntos, aunque sea intermitente, aunque me resulte un poco efímero, y a esa existencia aunque titila, nada malo le está pasando. Solo espero que no se apague.
9.4.20
La seis
Será por cobardía, por miedo al fracaso, será que me espanta que me juzguen y por eso siempre voy con la frente en alto, pero el perfil bajo, como si mereciera algo pero no lo quisiera. La verdad es que no merezco nada y siempre lo espero. Quizás lo espero por los motivos equivocados, porque por mérito u éxito tengo claro que no me corresponde, pero ni así, ni de error.
Ojo que a veces a alguien se le escapa algo que leo como un tal vez, que se siente como un casi, pero nunca alcanzo. Siempre llego primero, siempre soy la que está esperando para dar la mano, siempre tengo el hombro, el oído y la respuesta, o al menos más o menos la que estás esperando. Aún así no soy primera opción.
No me alcanza con mi príncipe azul si no soy mi propia princesa, más que claro, supongo, que no hablo de castillos y vestidos. Aunque a veces también creo que ni cien nobles me distraerían de la tortura que es compartir mi vida conmigo.
Pelea estúpida que tengo cada día internamente. Me creo que soy perfecta para todos, más me siento una desilución constante. Soy un seis en el último exámen de tu materia favorita para el que estudiaste semanas; no es lo que querés ni por lo que apostas pero si toca, sirve. Esa soy. Ni muy muy, ni tan tan. La que queda en palabras, la que no vale un riesgo. Y aunque te guste el frío soy una noche blanca sin calor ni vino, soy pleno junio sin abrigo.
Puede que sea yo, que me esfuerzo demasiado, queriendo demostrar, porque me había olvidado, que tal vez valgo algo que en realidad no existe, porque no soy más nada que una persona triste.
Qué única. Qué especial.
28.3.20
Aislamiento
Nadie me escribió. Nadie me llamó.
Ya son tantos días y nadie quiere preguntarme cómo estoy. Y eso está bien, supongo, pero se siente como un pozo lleno de nada en el medio del estómago, es como un baile de pensamientos intrusivos con un ritmo opaco que me dice "no hay nadie en realidad", y así lo siento.
Sé que debería poder ver más allá de una situación específica, de un mal día o de los gritos de mi casa, pero hoy es todo más cuesta arriba. Me siento sola y estoy gritando que por favor me abracen. Por favor ayudame.
Solo necesito que a veces me demuestren que me quieren a pesar de no necesitarme. Yo siempre voy a estar acá de todas formas. Siempre estoy, esperando hacer falta para que alguien se acuerde que le importo.
Tal vez me esconda en mi tristeza a ver quién estira la mano primero para ayudarme a salir. Tal vez deje de intentar que alguien me demuestre algo, que tal vez no quiero saber.